He cometido el error de dormir toda la tarde y no despertar a una hora prudente para poder salir a bailar o algo similar, en consecuencia me encuentro en mi departamento solo y sin sueño, sin nada que ver en TV. Además de eso, tampoco hay gente en messenger o facebook con quien poder pasar unos minutos conversando, tal parece que todos respetan su reloj biológico y duermen a las horas que convencionalmente su cuerpo reconoce para tal uso.
Lo peor de todo es que en esta soledad y con este silencio sepulcral, los cuestionamientos existenciales caen como la gravedad y recuerdos que siempre evito con distracciones triviales ahora llegan con más fuerza y no puedo hacer nada contra ellos.
Empiezan a aparecer en mi mente rostros de personas que eran importantes para mí en algún minuto de mi vida y que por diversas circunstancias hoy dejan de estar presentes en mi cotidianeidad, el tiempo que separa el presente con mi último contacto con ellos llega incluso a años. ¿Es que acaso avanzo en un camino desechando a quienes no mantienen mi paso? ¿Es que acaso soy yo el que queda en el camino de todos los que tomaron otros rumbos?.
Una vez más esas preguntas vuelven a mí y una vez más la enfrento de la misma manera: no enfrentándolas. En vez de eso pienso en otras cosas, pienso en los últimos momentos felices de mi vida, no cosas que presumiblemente podrían ser importantes, sino que cosas triviales. Recuerdo las risas espontáneas que vociferábamos en un pub la otra noche con mis amigos, recuerdo a la chica con la que bailé en la disco y con la que conversé toda la noche como si fuésemos amigos de toda la vida, por último recuerdo la visita que hice a mis abuelos hace unas semanas, en ese pueblo a un par de horas de Santiago donde el tiempo parece detenerse y donde las fotos de mi familia hacen hilar una historia que había olvidado tenía un origen.
Son las 3:47 y he pasado del insomnio a la angustia, de la angustia a la nostalgia y de la nostalgia al sueño.



0 comentarios:
Publicar un comentario